Por: Verónica Colón Rosario
Directora Ejecutiva, FMnPR

(San Juan, Puerto Rico- 13 de noviembre de 2025) En Puerto Rico, hablar de filantropía con perspectiva de género no es un lujo, es una urgencia. Las mujeres y personas de géneros diversos sostienen buena parte del trabajo comunitario y de cuidado, pero sus esfuerzos siguen siendo los menos financiados. Mientras tanto, los retos aumentan: violencia de género, desigualdad económica, poca representación política, crisis de vivienda, entre otros.

Invertir con perspectiva de género es solo un acto de justicia social y una decisión estratégica que fortalece comunidades enteras, multiplica beneficios y asegura un Puerto Rico fortalecido desde la justicia social.

Invertir con perspectiva de género significa reconocer que existen desigualdades estructurales que limitan el acceso de mujeres, niñas y personas trans y no binarias a recursos, oportunidades y poder de decisión… y actuar deliberadamente para transformarlas.

No se trata de “agregar” mujeres a un proyecto ya diseñado, sino de planificar desde el inicio para cerrar brechas. Es dejar atrás una filantropía “neutral” y empezar a hacerse preguntas clave:

  • ¿Quién toma las decisiones?
  • ¿Quién se beneficia realmente de cada dólar invertido?
  • ¿Estamos considerando cómo se cruzan género, raza, clase, edad o estatus migratorio en esta inversión?

Para la filantropía, adoptar esta mirada no es solo una postura ética: es una estrategia de inversión más efectiva. Al financiar a mujeres y organizaciones feministas, los recursos llegan a la base comunitaria donde se sostienen los servicios más esenciales: refugios, programas de salud, educación y proyectos de economía solidaria. Los datos lo demuestran: cada dólar invertido puede multiplicarse en beneficios sociales y económicos, generando retornos tangibles para toda la sociedad.

Incluso grandes líderes de la filantropía global han llegado a esta conclusión. Melinda French Gates explicó que decidió enfocar sus fondos en mujeres porque, una y otra vez, vio que “cuando invertimos en mujeres y niñas, ese cambio se propaga a toda la familia, a toda la comunidad, y a toda la sociedad.” Es una verdad sencilla pero poderosa: las mujeres reinvierten en su entorno y hacen que cada recurso rinda más.

En otras palabras, invertir con perspectiva de género no solo transforma vidas: fortalece a la propia filantropía, haciéndola más estratégica, sostenible y con mayor alcance colectivo.

A nivel global, menos del 2% de los fondos filantrópicos llegan a organizaciones que trabajan directamente con mujeres y niñas. En Puerto Rico, esa brecha es aún mayor.

Y, sin embargo, estas organizaciones son las que sostienen servicios vitales: refugios para sobrevivientes, apoyo legal y psicológico, programas de salud comunitaria, proyectos de economía solidaria. Según nuestro estudio más reciente, 59 organizaciones atienden a más de 15,000 personas al año. Cada dólar invertido en ellas puede traducirse en 3 a 4 dólares en beneficios sociales y económicos.

Aún así, más de la mitad ha sufrido recortes de fondos, casi 40% ha tenido que reducir servicios y un 11% incluso cerrar temporalmente. En la práctica, esto significa menos refugios, menos programas de prevención y menos oportunidades para romper ciclos de violencia y pobreza.

En esta entrevista con Luis Alberto Ferré Rangel, comparto el trabajo que hacemos desde la Fundación de Mujeres en Puerto Rico a favor de la equidad de Género.

Define metas claras de equidad de género. Por ejemplo, destinar un porcentaje fijo de tu presupuesto anual a organizaciones lideradas por mujeres.


Atiende a comunidades que cargan múltiples exclusiones, como mujeres negras, rurales, migrantes o LGBTTQI+.

Dar fondos flexibles, plurianuales y con menos burocracia. A veces, un informe narrativo cuenta más de cien indicadores.

Escucha y respeta los saberes comunitarios. Las mejores soluciones vienen de quienes viven las realidades que queremos transformar.

Mide cambios en poder, participación y bienestar, no solo en números fríos.

Antes de invertir, profundiza en cómo la organización toma decisiones y a quién incluye en esos procesos. Pregunta:

  • ¿Quiénes están en la mesa de toma de decisiones?
  • ¿Qué voces históricamente excluidas tienen poder real dentro de la organización?
  • ¿Cómo se integra la perspectiva de género en cada programa, política interna y evaluación?

Estas preguntas no son un trámite: revelan si la organización vive los valores que promueve.

Los programas no existen sin el trabajo que los sostiene. Cuando cubres salarios justos, alquiler, electricidad, tecnología y administración, estás financiando la capacidad de la organización para operar con dignidad y continuidad. Invertir en estos costos básicos no es un “extra”; es una estrategia de alcance que libera al personal para servir mejor a sus comunidades.

Las organizaciones necesitan estabilidad para lograr transformaciones reales. Considera ofrecer subvenciones plurianuales (idealmente de 3 años o más), flexibles y de libre uso. Esto permite planificar, retener talento, innovar y responder a crisis sin interrumpir el trabajo profundo que toma tiempo.

En lugar de exigir informes externos costosos o indicadores que no reflejan la vida real, prioriza la escucha directa. Invierte en procesos donde las propias participantes puedan decir: qué cambió, qué les funcionó, qué debería mejorar. Así construyes aprendizaje, confianza y un sentido de responsabilidad compartida, lejos de la  burocracia.

En este episodio de Somos Filantropía conversé con Glenisse sobre los retos de recaudar fondos en Puerto Rico, el retorno tangible de invertir en mujeres y las oportunidades que tiene Puerto Rico para convertirse en un modelo de filantropía feminista a nivel global.

La equidad de género no avanza solo con recursos; también requiere transformar mentalidades. Las resistencias pueden venir de tradiciones patriarcales, discursos políticos polarizantes o miedo al cambio.

¿Cómo enfrentarlas?

  • Invierte en educación pública, talleres, campañas y espacios de diálogo.
  • Utiliza narrativas poderosas, basadas en ejemplos reales, que demuestren que la equidad produce beneficios económicos, sociales y comunitarios.
  • Construye alianzas con líderes comunitarios, empresariales y gubernamentales que puedan amplificar el mensaje.

Muchas decisiones se toman sin información desagregada por género y raza, lo que invisibiliza desigualdades críticas. Sin datos, es más difícil defender inversiones estratégicas.

¿Cómo enfrentarlo?

  • Destina al menos 5% del presupuesto a investigación feminista, recopilación de datos y análisis interseccional.
  • Apoya a organizaciones locales que ya generan conocimiento desde la experiencia vivida.
  • Exige métricas que midan no sólo actividades, sino cambios reales en bienestar, autonomía y acceso a derechos.

Hoy existen discursos públicos que caricaturizan o minimizan la lucha por la equidad, creando confusión y desinformación.

¿Cómo enfrentarlo?

  • Amplifica historias de éxito: comunidades más seguras, mujeres liderando soluciones, jóvenes tomando decisiones informadas.
  • Utiliza medios, redes sociales, prensa y alianzas con creadores de contenido para cambiar la conversación.
  • Prioriza mensajes que conecten con valores compartidos: justicia, prosperidad, seguridad, bienestar.

Invertir con perspectiva de género no es reconocer que la sostenibilidad de Puerto Rico depende de garantizar recursos y poder de decisión a todas las personas, en toda su diversidad.

Las comunidades ya tienen la voluntad y las propuestas para transformar el país. Lo único que necesitan ahora son los recursos.

Si eres donante, fundación o empresa, este es el momento de unirte a quienes ya están construyendo un futuro de justicia social para Puerto Rico.